Culturalmente, la comida, los festines y hasta las dietas están relacionadas a ciertos estados de ánimo distintos. Vivimos en una sociedad donde no es incomún creer que ciertos alimentos van a tener no solamente distintos efectos (positivos o negativos) sobre nuestra salud, sino también sobre nuestros estados mentales. Si bien es cierto que en muchos casos lo anterior si puede encontrar un fundamento en la realidad, en muchos de los casos encontraremos creencias que surgen al sacar ciertos datos de su contexto, generando ideología en lugar de conocimiento riguroso sobre las repercusiones de algunas conductas alimentarias que pueden finalmente germinar como consecuencias negativas a la salud pública.

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