Es verdad que, mientras que la psicología es una ciencia relativamente nueva, a nivel empírico ha logrado una envidiable cantidad de avances a nivel de descripción, explicación, predicción y control, que son los objetivos de toda disciplina científica. La descripción consiste en recopilar datos sobre distintos fenómenos, utilizando de forma prioritaria las herramientas más precisas disponibles para realizar la medición de los datos observados. La explicación es la capacidad de encontrar correlaciones y causalidades entre distintas variables que influyen sobre algún fenómeno determinado, es decir, encontrar fenómenos que se encuentran ligados uno a otro, sepamos o no que uno es consecuencia directa del otro. En base a ese conocimiento de hechos pasados, la ciencia puede predecir, lo cual consiste en utilizar los datos conocidos para conocer de antemano el probable resultado de algún fenómeno conocido. Y entonces, la ciencia puede generar control sobre el mismo fenómeno, manipulando las variables para obtener distintos resultados. Este último objetivo es la base de la tecnología, que en resumidas cuentas es la disciplina que le da aplicación a la ciencia. Es importante admitir que la ciencia tiene limitaciones, siendo una de ellas que, contrario a la creencia popular, la ciencia no lidia con absolutos, sino con probabilidades en base a la estadística y la probabilidad.

Gracias a lo anterior,entre otros motivos, surge una premisa de la filosofía realista científica: que la ciencia es la mejor herramienta que tiene la humanidad para generar conocimiento confiable sobre la naturaleza. Sin pretender ahondar demasiado en los detalles de esta filosofía, que considero fundamental para el desarrollo de una psicología efectiva y rigurosa, creo que es importante al menos considerar los factores éticos básicos que vienen a guiar su ejercicio para lograr este cometido. Un importante primer punto es considerar que la psicología es una de las más importantes ciencias de la salud, y que su ejercicio debe estar orientado a generar bienestar hacia la humanidad.

Uno de los mayores problemas con los que la psicología se enfrenta actualmente es de demarcación. Se podría argumentar bien que la psicología se encuentra invadida por diversas teorías de la mente que resultan incompatibles entre sí, y en la mayoría de los casos, también resultan incompatibles con el grueso del conocimiento científico. En el planteamiento encontramos un problema de índole epistemológico, ya que se cuestiona la filosofía que sustenta a la psicología como una disciplina científica, sin embargo este problema acarrea otros problemas éticos y profesionales que es importante subsanar para ganar credibilidad como gremio profesional.

Retomemos la premisa que afirma que la ciencia es efectivamente la mejor herramienta de la que disponemos para conocer la naturaleza, la cual su vez incluye íntegramente a la humanidad y a todo su entorno. Es importante éticamente que un psicoterapeuta solamente le procure a sus pacientes tratamientos cuya efectividad ha sido demostrada, es decir, que hayan atravesado por un procedimiento de contrastación empírica utilizando el método científico. ¿Por qué? Porque de lo contrario estamos fundamentando una práctica en suposiciones, creencias, y sesgos. Lo anterior no quiere decir que por defecto, cualquier tratamiento sin base empírica no funcione, puesto que en la historia de cualquier tratamiento hay un momento previo a la investigación en el cual se parte de supuestos que se pretenden falsar, o en otras palabras, aún se desconoce su utilidad y sus limitaciones. Lo que sí significa, sin embargo, es que cualquier tratamiento cuya eficiencia aún no ha sido demostrada no debe ser aplicado a discreción, y mucho menos debiera ser ofertado como parte del repertorio estándar de cualquier profesional de la salud. Y mucho menos por una persona que no sea profesional de este mismo ramo.

Actualmente es una práctica habitual que personas sin conocimientos psicológicos basados en teorías comprobables presten sus servicios como psicoterapeutas, basándose en técnicas y teorías sin sustento empírico, que pueden llegar a ser contraproducentes o peligrosas para los pacientes. Lo anterior es preocupante, y debería llamar a la atención inmediata de las autoridades sanitarias, las cuales por diversos factores tanto culturales, como de intereses personales o incluso ideológicos, habitualmente no toman medidas al respecto. Sin embargo, el hecho de que los mismos profesionales ejerzan prácticas sin sustento empírico, hace sospechar que hay un enorme desconocimiento y/o desconfianza hacia la ciencia y sus métodos, lo cual ayuda a plantearse si realmente resulta sorprendente que los no profesionales también lo hagan. Para conservar la proporcionalidad justa, hemos de reconocer que esto no es un fenómeno exclusivo en la psicología, sino que está presente también en la medicina, las ciencias sociales e incluso otras ciencias, en mayor o menor grado, y que este fenómeno quizá tiene origen en parte por las carencias en la calidad de la enseñanza en ciencias y la apertura a charlatanería que existe desde la formación básica en un gran número de instituciones. Llámese homeopatía, movimientos antivacunas, grafología, reiki, tarot, flores de Bach, psicología transpersonal, coaching cuántico u ontológico, etc. La pseudociencia guarda un lugar prominente en la búsqueda social por el bienestar. A pesar de lo anterior, criticar el ejercicio de prácticas supuestamente terapéuticas por personas sin formación profesional en ciencias de la salud no es una preocupación particular de la psicología como profesión, sino que corresponde a la labor estatal en cuanto a regulación sanitaria.

¿En verdad es riesgoso ejercer psicoterapias sin base científica? ¿Qué es lo que ocurre dentro del gremio profesional de los psicoterapeutas que lleva a esta problemática? Se continuarán explorando éstas preguntas en la próxima entrada, donde se presentarán algunas hipótesis y críticas para comenzar a elaborar diálogo y posibles soluciones.